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HORACIO LADRÓN DE GUEVARA EN BARCELONA
Al entrar al Pastis, un pequeño café bohemio de la calle Santa Monica en el Rabal, me pareció que me sumergía en una escena de un viejo filme de los hermanos Marx donde estos convocaban a una surrealista fiesta en el camarote de un barco y la gente se abarrotaba alegremente hasta cubrir todo el espacio disponible. Para no ser menos y poder ver algo de lo que sucedía a mí alrededor me trepé a una escultura pop colgante y desde allí asistí al heterodoxo show de Horacio Ladrón de Guevara.
Un espectáculo de tango –según el autor- concebido para heterosexuales, homosexuales e inteligentes y auspiciado por el PP (Prostitutas & Prostitutos)
Confieso que no abrigo una confianza ciega en el tango que veo y escucho en Europa, aún el que ejecutan mis compatriotas rioplatenses. El tango, una música nacida en los kilombos (puticlubs, burdeles o como quieran llamarlos) de Buenos Aires, siempre fue una expresión viva que como todas las cosas vivas floreció y evolucionó en forma intensa y sostenida hasta… Astor Piazzolla. Después de este genio pareciera que se nos agotó la sesera. Nadie consiguió dar un paso adelante.
Por otro lado cuando los argentinos dejan el Buenos Aires Querido y se mudan con sus libros y sus tanguitos a Europa en muchos casos parecieran no percatarse que bajo sus pies hay otra tierra, otra gente circulando por las calles, otros sonidos y otras ideas en el ambiente. Lo que viene a significar que el tanguero o "reinventa" lo que cantaba y bailaba en Baires o su discurso corre el riego de diluirse o volverse insulso.
Afortunadamente Horacio Ladrón de Guevara es de los que optan por la reinvención. Tiene su culo (referencia a una de sus letras) bien asentado en Barcelona y en el mundo actual y lleva al tango a un contexto vital y cultural pleno de humor inteligente donde la expresión de Buenos Aires consigue sobrellevar y lucir su antiguo encanto.
Acompañado de un teclado el autor-actor-cantor argentino entona tangos clásicos como “Malena”, “Balada para un Loco” y otros de su invención; también, en un alarde didáctico, nos enseña palabras del lunfardo criollo como "orto" (culo), "kilombo" (burdel) y otras no menos sugestivas; nos informa que el tango Tinta Roja no lo compusieron tangueros de izquierda sino porteños amantes del vino; admite el machismo de las letras de tango pero a su vez nos cuenta que las mujeres argentinas de hoy han quebrado el machismo de sus compañeros sentimentales “a ladrillazo limpio”. No podía ser de otro modo tratándose de las hijas naturales de Evita Perón, a quien el autor concede la distinción de “reina de los argentinos”. El rey es obviamente Carlos Gardel. Y ahí concluye nuestra realeza criolla.
Viéndolo moverse con admirable soltura en el escaso escenario, haciendo gala de un dinámico e imperceptible dominio escénico, de un humor irreverente y espontáneo, no pude dejar de pensar en algunos humoristas como el argentino Antonio Gasalla o el italiano Chiambretti y en los prehistóricos e irreverentes espectáculos del Instituto Torcuato Ditella de Buenos Aires que ponían todos los tópicos nacionales en tela de juicio.
Horacio Ladrón de Guevara ha estructurado un sutil y desvergonzado discurso muy personal y heterodoxo, pleno de ideas refrescantes donde el sarcasmo no prescinde de la ternura; políticamente muy incorrecto combina fructíferamente diversas vertientes que van de lo popular a la literatura más elevada, de Catulo Castillo a Oscar Wilde, de Horacio Ferrer a Paul Éluard.
Borges citando a Stevenson decía que lo más importante de un escritor es el encanto. Sin éste todo esfuerzo literario sería vano. Lo mismo vale para un artista. Y Horacio Ladrón de Guevara, para beneficio de su show y de su público, lo tiene.

Sigo sin entender la falta de talento de este argentino que conocí en Barcelona, y cómo se las arregla para embaucar a más de uno de los tantos parroquianos que los escuchan absortos como si tratara de un gran canta-autor.
Los tangos y las "puteadas" que son un clisé en Guevara no aportan más que un lenguaje soez en un ambiente lúgubre y soez.
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